Los fondos de pensiones administrados por las AFP chilenas registraron en julio de este año su menor exposición al mercado local desde que existe información pública, que data de 2008. Solo el 44% del portafolio —equivalente a US$108.915 millones— está invertido en Chile, mientras el 56% restante, unos US$137.150 millones, opera en el extranjero.
El dato lo expuso el exsuperintendente de Pensiones Osvaldo Macías en un conversatorio organizado por la Universidad Santo Tomás sobre los nuevos fondos generacionales. «Hay sólo un 44% invertido en Chile, y un 56% en el extranjero. Creo que nunca había visto una cosa así. Algo está fallando ahí», señaló Macías, quien dirigió la pregunta directamente al gerente de inversiones de AFP Habitat, Rodrigo Nader, presente en el evento.
El contraste con el pasado reciente es elocuente. En septiembre de 2019, antes del estallido social, las AFP mantenían casi el 60% de los fondos invertidos en Chile —US$129.394 millones— y un 40% en el exterior. Los retiros previsionales aceleraron la salida de capital local: desde junio de 2021 la proporción invertida en Chile cayó por primera vez por debajo del 50%. Aunque en 2022 y la primera mitad de 2023 la exposición local repuntó hasta superar el 57%, desde entonces no ha hecho más que retroceder hasta el mínimo de julio.
Nader ofreció una respuesta parcial: los límites regulatorios que pesan sobre los activos alternativos. «Hay mucho activo local que tiene riesgo retorno muy favorable, pero en el que regulatoriamente cuesta invertir porque se considera activo alternativo de crecimiento», explicó. El ejecutivo advirtió además que la propuesta de nuevo régimen de inversión agrupa todos los activos alternativos bajo la categoría de «activos de crecimiento», lo que a su juicio «produce un retroceso» involuntario, y que el límite general para invertir en alternativos «es bajo» respecto a las recomendaciones internacionales.
Nader también defendió la diversificación internacional por razones de tamaño de mercado: «Por dos razones, tanto por diversificación como por tamaño de mercado, yo creo que es deseable que una parte importante de la inversión esté afuera». Macías respondió que comparte la lógica de la diversificación, pero insistió en que «algo está pasando que no se está invirtiendo mucho en el país».
Una fuente de la industria apuntó a otro factor: el buen desempeño reciente de la renta variable ha llevado a más afiliados a migrar hacia los multifondos A, B y C, lo que obliga a las AFP a incrementar su exposición internacional para cumplir con los perfiles de riesgo de esos fondos.
La lectura de Ágora Capital. El debate expone una paradoja costosa: Chile necesita capital para financiar proyectos de infraestructura y crecimiento, y ese capital existe —acumulado en décadas de ahorro obligatorio— pero opera bajo un marco regulatorio que desincentiva su despliegue local. Cuando el Estado diseña reglas que encarecen o limitan clases de activos enteras, el dinero no desaparece: simplemente cruza la frontera. El resultado es un mercado de capitales doméstico más delgado, menor competencia por financiamiento y, en última instancia, proyectos que no se ejecutan o que se financian a mayor costo. La reforma al régimen de inversiones es una oportunidad concreta; desperdiciarla en tecnicismos regulatorios que congelen los límites actuales sería un error que pagarán los afiliados y la economía chilena.



