El sector exportador colombiano presentó una hoja de ruta con seis compromisos. La propuesta llegó de la mano de Ronald Bakalarz, presidente de la junta directiva de Analdex. La ocasión fue la apertura del Congreso Nacional de Exportadores, en Cartagena.
El mensaje central fue directo. Bakalarz sostuvo que la salida a los problemas económicos del país no puede depender de «una reforma tributaria tras otra». Pidió estabilidad en las reglas de juego. Sin esa estabilidad, dijo, las empresas no pueden tomar decisiones de inversión de largo plazo.
El primer compromiso busca destrabar proyectos productivos. También plantea orientar capital nacional y extranjero hacia infraestructura, logística, energía y agroindustria. Analdex propone además cambiar la vara con la que se mide la inversión extranjera. No bastaría el monto que ingresa al país. Habría que sumar la tecnología transferida, los proveedores locales y el empleo formal generado.
El segundo compromiso pone a las regiones en el centro de la política productiva. Bakalarz advirtió que el crecimiento no puede seguir concentrado en pocas ciudades y sectores. El gremio quiere que la Ruta Milagro deje atrás los apoyos aislados. Cada empresa tendría un acompañamiento según su necesidad puntual, ya sea financiación, certificaciones o inteligencia de mercados.
El tercer compromiso apunta a fortalecer la industria y el campo. La meta es agregar valor, no solo producir materia prima. Bakalarz fue claro en una condición: la reindustrialización solo será sostenible si las empresas compiten en costo, calidad y escala. Para el campo, Analdex propone integrar crédito, riego, vías terciarias y seguridad en proyectos con vocación exportadora.
El cuarto compromiso mira hacia afuera. Bakalarz destacó a Estados Unidos como el principal socio comercial de Colombia. Lo describió como fuente decisiva de inversión, tecnología y cooperación. La propuesta es preservar el diálogo político y empresarial con Washington y resolver de forma pragmática los obstáculos de acceso.
Durante el congreso circuló también un reproche hacia el Ministerio de Comercio. Una publicación difundida en el evento cuestionó la ausencia del ministerio, calificando la situación como «un problema peor que el terremoto». El texto no atribuye la frase a un funcionario específico del gremio.
El diagnóstico de Analdex coincide en un punto con el diagnóstico del mercado: la incertidumbre tributaria encarece el capital. Cada reforma nueva es un costo de oportunidad para quien decide invertir hoy y cobra dentro de cinco años. Cuando las reglas cambian cada ciclo legislativo, el riesgo país sube antes de que suba cualquier impuesto formal.
La hoja de ruta de Analdex no es un plan de gobierno. Es una lista de condiciones mínimas para que la inversión privada vuelva a moverse. El gremio no pide subsidios nuevos. Pide previsibilidad. Esa distinción importa en una economía donde el sector productivo lleva años señalando que la carga regulatoria, más que la falta de recursos, es el freno principal al crecimiento.



