Los números primero. México colocó en julio exportaciones hacia Estados Unidos por 60,500 millones de dólares, la primera vez que un mes supera la barrera de los 60 mil millones desde que existe registro, de acuerdo con la Oficina del Censo de Estados Unidos. El crecimiento anual fue de 33%, con lo que el país elevó su participación al 18.2% de las importaciones totales estadounidenses.
La brecha frente a los competidores se amplió: Canadá capturó 10.1% del mercado, China 8.1% y Vietnam 7.9%. México no solo vende más, sino que gana terreno relativo a rivales asiáticos justo cuando la política comercial de Washington se ha vuelto más exigente con Pekín.
El intercambio también corrió en sentido inverso. Estados Unidos exportó 34,200 millones de dólares a México en julio, un 18% más que un año antes, y el país se convirtió en el destino primordial de las ventas estadounidenses, con 17.3% del total global, por encima de Canadá (14.9%) y Países Bajos (4.9%). México fue, en el mes, el socio comercial más relevante para Estados Unidos, aunque también el que generó el mayor déficit bilateral, superando a Vietnam, Taiwán y China.
El acumulado enero-julio confirma que no se trata de un dato aislado. Las exportaciones mexicanas hacia EU llegaron a 358,700 millones de dólares, un alza de 16% anual, con una cuota acumulada de 17.3%, contra 11.2% de Canadá y 7.8% de Taiwán. En el mismo periodo, las compras estadounidenses a México sumaron 229,800 millones de dólares, superando a Canadá y Reino Unido como principal mercado de las exportaciones de EU. El déficit comercial acumulado de Estados Unidos con México se ubicó en 129,900 millones de dólares, la segunda cifra más alta después de Vietnam (138,900 millones).
El mercado ya votó: la planta manufacturera mexicana, integrada a las cadenas de proveeduría de Norteamérica, sigue capturando pedidos que antes iban a Asia. Ese flujo no lo generó ningún programa de gobierno; lo generaron empresarios que apostaron capital propio en plantas, logística y capacitación bajo el paraguas del T-MEC.
El dato debería obligar a cualquier administración a cuidar lo que sostiene esa ventaja: certeza jurídica, seguridad para operar plantas y puertos, y un T-MEC sin sobresaltos políticos. La productividad exportadora es prueba de que la libre empresa mexicana compite de tú a tú con Asia cuando las reglas son claras; el riesgo no está en la demanda estadounidense, sino en que decisiones internas —inseguridad, discrecionalidad regulatoria, señales antimercado desde Palacio Nacional— terminen erosionando lo que el sector privado construyó sin pedir permiso.



