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El 47% de empresas admite que sus socios de IA carecen del dominio que exigen: cinco preguntas antes de invertir

Un estudio con más de 100 empresas de alimentos y agroindustria revela que la mitad no mide retornos de IA o los ve por debajo de expectativas. El problema no es el modelo; es quién lo construye.
Foto: forbes.com
jueves 27 de agosto de 2026

El entusiasmo por la inteligencia artificial agéntica llena cada sala de juntas. Agentes autónomos que negocian con proveedores, resuelven incidencias de clientes o gestionan inventarios con mínima intervención humana: la promesa es real. Pero los números cuentan otra historia.

Un estudio elaborado junto a HFS Research, que abarcó más de 100 empresas del sector de alimentos y agroindustria, encontró que el 82% de los encuestados considera el conocimiento profundo del dominio como la capacidad más crítica al seleccionar un socio tecnológico —por encima de soluciones de IA probadas y de la entrega global—. Sin embargo, el 47% cree que sus socios actuales carecen de esa expertise, y el 51% no está midiendo retornos de IA o está viendo resultados por debajo de las expectativas.

La conclusión es directa: el verdadero desafío no es acceder a la tecnología, sino traducirla en resultados de negocio medibles.

Nitesh Mirchandani, Chief Business Officer de Mindsprint, identifica cinco preguntas que todo líder empresarial debería formular antes de comprometer capital en iniciativas agénticas.

Primero, ¿entiende el socio su industria de verdad? Un agente de compras en salud enfrenta restricciones radicalmente distintas a uno en agroindustria. La tecnología puede aprender patrones; el contexto viene de la experiencia sectorial.

Segundo, ¿hay evidencia de despliegues en producción? Las demostraciones son cada vez más pulidas, pero la transformación empresarial se mide solo después del despliegue. En cuentas por pagar, por ejemplo, los despliegues agénticos tienen el potencial de reducir costos operativos en más del 50% y los tiempos de ciclo en alrededor del 70%, según el mismo análisis.

Tercero, ¿cómo se gobierna la toma de decisiones autónoma? A medida que los sistemas de IA comienzan a tomar decisiones operativas, las organizaciones necesitan visibilidad sobre por qué se tomaron, cómo se alcanzaron y cuándo se requiere intervención humana. Límites de aprobación, trazabilidad de auditoría y mecanismos de escalada no son opcionales.

Cuarto, ¿cómo evoluciona el modelo cuando cambia el negocio? Los mercados se mueven, las regulaciones cambian y las expectativas de los clientes suben. El socio correcto debe demostrar cómo los modelos se monitorizan, refinan y mejoran de forma continua.

Quinto, ¿se está construyendo capacidad organizacional o solo comprando software? La IA empresarial no es una adquisición de licencias; es una capacidad que requiere transferencia de conocimiento, gobernanza robusta y refinamiento continuo junto al cambio operativo.

Desde Ágora Capital, el diagnóstico es claro: el capital asignado a IA sin respuestas sólidas a estas cinco preguntas no es inversión, es gasto. El 51% de empresas que no mide retornos o los ve por debajo de lo esperado no sufre un problema tecnológico; sufre un problema de asignación de recursos y de due diligence deficiente.

La tecnología se democratiza. El contexto de negocio —quién entiende su industria, quién ha resuelto problemas comparables, quién puede demostrar impacto operativo real— es el activo escaso. Ahí es donde el mercado ya está poniendo precio.

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