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Goldman, Morgan Stanley y Citi exigen que la IA baje la factura legal, no solo el margen de los bufetes

Las tres entidades presionan a los despachos de élite para que las horas ahorradas por inteligencia artificial se traduzcan en menor costo por transacción, no en más ganancia para los socios.
Imagen generada con IA
miércoles 2 de septiembre de 2026

Los números primero. Las tarifas por hora de los asociados en los grandes bufetes de Estados Unidos subieron 33% desde 2023, hasta un promedio de 798 dólares este año, según datos de Persuit citados por el Financial Times. Ese incremento, en plena era de la inteligencia artificial, es justo lo que Wall Street ya no está dispuesto a pagar sin preguntas.

Goldman Sachs, Morgan Stanley y Citigroup exigen a sus abogados externos que reduzcan los costos por transacción en la medida en que la IA acelera investigación, revisión de documentos y análisis de contratos. «Si el número de horas trabajadas en un asunto bajó por la IA... nuestra expectativa es que los costos bajen significativamente por transacción», dijo Adam Meshel, jefe legal global de Citigroup, al FT.

El modelo de negocio de Big Law se construyó durante décadas sobre la facturación por hora de ejércitos de asociados junior. Eric Grossman, asesor jurídico general de Morgan Stanley, advirtió que esa base de compensación «es ahora extraordinariamente inestable» y que la tecnología podría representar «una alteración fundamental de los ingresos de estas mega firmas».

Citi ya pide a los bufetes que compiten por su negocio que detallen cuánto ahorran gracias a la IA. Meshel anticipó que un «modelo de trabajo diferente» estará vigente dentro de un año, desarrollado junto con los abogados externos del banco. Morgan Stanley, por su parte, planea licitar la mayor parte de su trabajo legal externo antes de fin de año y adoptar alternativas a la facturación por hora, como tarifas fijas. Grossman aclaró que el banco sigue dispuesto a pagar bien por el juicio y la experiencia de los abogados de primer nivel, y que los bufetes pueden preservar su rentabilidad usando IA para atender más casos mientras reducen sus propios costos.

Goldman Sachs también pidió a sus firmas externas información sobre cuánto más eficientes son gracias a la IA, y espera compartir ese beneficio, según fuentes citadas por el FT. El banco declinó comentar; Citi también rechazó hacer declaraciones adicionales a The Post.

Casi la mitad de los grandes bufetes encuestados este año por el grupo legal de Citi admitió que la IA ya afectó su forma de cobrar. Shama Hyder, profesora en Link School of Business, explicó a The Post que aunque los despachos no puedan medir cada minuto ahorrado, «los grandes bancos tienen suficiente poder de compra para exigir esos números y volverlos parte de la licitación competitiva». Y fue tajante: «Si un trabajo que antes tomaba veinte horas ahora se completa en cinco, los clientes no van a seguir pagando como si tomara veinte».

El episodio ilustra un principio simple de mercado: la productividad, tarde o temprano, presiona el precio. Durante años, el modelo de facturación por hora premió la lentitud y penalizó la eficiencia, un incentivo perverso que solo sobrevive mientras el cliente no tiene poder de negociación. Wall Street, con su músculo de compra, está haciendo lo que cualquier comprador racional haría: exigir que la ganancia de productividad se reparta, no que quede capturada íntegramente por el proveedor. Capital busca reglas claras, y esta vez las reglas las está escribiendo el cliente, no el bufete.

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