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Huang rechaza el impuesto a los robots que propone Gates y apuesta por la productividad sin frenos

El CEO de Nvidia coincide con Gates en gravar más a las grandes fortunas, pero rompe con él en el mecanismo: para Huang, la automatización crea empleo, no lo destruye.
Foto: infobae.com
domingo 30 de agosto de 2026

Jensen Huang, director ejecutivo de Nvidia, se distanció públicamente de la propuesta de Bill Gates de gravar con impuestos a los robots y a los tokens de inteligencia artificial. La discrepancia surgió tras un ensayo del cofundador de Microsoft en el que planteó equiparar fiscalmente la contratación de personas con la compra de maquinaria automatizada.

Gates escribió: «Si eres un empleador y contratas a alguien, pagas impuestos sobre sus ingresos. Pero si compras un robot, generalmente puedes deducirlo de inmediato como gasto empresarial. El sistema fiscal te empuja a sustituir personas por máquinas». Su argumento: si la IA elimina empleos, caen los ingresos por impuesto sobre la renta, y ese gravamen financiaría reentrenamiento laboral y redes de protección social.

Huang respondió en el programa The Claman Countdown, de Fox Business, con tono conciliador pero firme: «Adoro a Bill... pero no veo lo que él ve. Veo algo muy, muy diferente. Y mis remedios serán un poco distintos». El ejecutivo, de 63 años, aclaró que no rechaza los impuestos en general —los llamó «una gran forma de contribuir a la sociedad y a la economía»— y se declaró «perfectamente de acuerdo» con gravar más a las personas de alto patrimonio. Su objeción es específica: el mecanismo que castiga la automatización, no la recaudación en sí.

El argumento central de Huang se apoya en el comportamiento histórico de las empresas: «Cuando las empresas son más productivas, no despiden a la gente, contratan a más gente». Según su razonamiento, las ganancias derivadas de la automatización se reinvierten en crecimiento, lo que genera nuevas plazas. «Cuando son más rentables, eso nos permite invertir más e ir tras más crecimiento», explicó.

Gates, por su parte, adoptó en su ensayo un tono cauteloso: advirtió sobre riesgos de la IA para los que los gobiernos no están preparados, entre ellos un desarrollo infantil «atrofiado», el empoderamiento de actores criminales y la desaparición de empleos para la Generación Z. Huang, en cambio, proyecta que la IA será «un creador neto de empleo a una escala que nunca hemos visto», aunque reconoció que «habrá muchos trabajos que serán disruptivos» y que hay que «ser sensatos» ante esa transición.

Más allá del debate impositivo, Huang trazó una apuesta por la reindustrialización de Estados Unidos: sostuvo que la expansión de la IA disparará la demanda de oficios técnicos —electricistas, plomeros, trabajadores de la construcción— a medida que se multiplican los centros de datos. «Queremos reindustrializar el país. Queremos crear más empleos. Y todo eso va a suceder ahora mismo, mientras hablamos, con la IA», afirmó.

El mercado ya votó sobre quién capta el valor de esta ola: Nvidia se convirtió en uno de los principales beneficiarios del auge de la inteligencia artificial, con una valoración que transformó a varios de sus ejecutivos en multimillonarios. Que el propio Huang defienda gravar más a las grandes fortunas —y no a la maquinaria que las genera— traza una línea que el debate fiscal sobre la IA no siempre distingue: hay diferencia entre pedirle más al capital que ya ganó y penalizar por adelantado la inversión que todavía no rindió.

La propuesta de Gates, aun con intención social, parte de una premisa que el propio historial empresarial contradice según Huang: castigar la productividad rara vez protege el empleo; suele encarecer la inversión que lo crea. Capital busca reglas claras, no un impuesto que decida de antemano qué tecnología merece existir.

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