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La fusión de IA y computación cuántica proyecta 56 billones de dólares de PIB global en cinco años

Cisco advierte que la misma convergencia que promete curas personalizadas y saltos de productividad abre una ventana de vulnerabilidad que la regulación aún no cubre.
Foto: forbes.com
domingo 30 de agosto de 2026

Los números primero. La convergencia entre inteligencia artificial y computación cuántica podría añadir cerca de 56 billones de dólares al producto bruto global en los próximos cinco años, según cálculos citados por Guy Diedrich, vicepresidente senior y director global de innovación de Cisco, en un artículo de opinión publicado en Forbes.

Diedrich sostiene que ambas tecnologías se retroalimentan: la cuántica acelera lo que la IA puede hacer y la IA optimiza el despliegue cuántico. El ejemplo que elige es clínico. Hoy un radiólogo combina su juicio con el reconocimiento de patrones de la IA, pero ambos están limitados por la computación clásica. La promesa cuántica, según el autor, es modelar la biología completa de un paciente como un gemelo digital capaz de simular tratamientos antes de aplicarlos. Cisco ya trabaja en esa dirección junto a Helmholtz Munich, uno de los principales centros biomédicos del mundo, desplegando infraestructura preparada para IA.

El reverso del avance es la exposición. El 87% de los responsables de ciberseguridad consultados identificó las vulnerabilidades ligadas a la IA como el riesgo cibernético de mayor crecimiento del último año, de acuerdo con los datos citados en el artículo. El sector salud concentra ese riesgo porque acumula datos sensibles de alto valor en redes clínicas conectadas.

La amenaza concreta es criptográfica. La encriptación médica actual resiste porque romperla con computación clásica tomaría miles de años; una computadora cuántica suficientemente potente eliminaría esa barrera. Investigadores de seguridad ya hablan de «harvest now, decrypt later»: adversarios que recolectan datos cifrados hoy anticipando que podrán descifrarlos mañana, con la mira puesta en historiales clínicos, pipelines de investigación y bases genómicas.

Diedrich distingue dos plazos. El «Q-Day», el momento en que la encriptación actual queda obsoleta, con proyecciones que lo ubican entre tres y cinco años. Y el «R-Day», el día en que los reguladores empiecen a exigir evidencia de preparación cuántica, que según el autor llegará antes. Menciona que Estados Unidos ya emitió una orden ejecutiva con directrices enfocadas en cuántica que, aunque no impone nuevos requisitos regulatorios de forma directa, señala que la preparación cuántica pasó de prioridad de investigación de largo plazo a foco operativo inmediato.

En el plano laboral, el artículo cita una proyección del Foro Económico Mundial: 1.100 millones de empleos serán transformados radicalmente por la tecnología en la próxima década, con las competencias técnicas en IA, ciberseguridad y redes creciendo más rápido que cualquier otra categoría hacia 2030.

El mercado ya votó: la infraestructura cuántico-segura se está construyendo desde el sector privado, no desde el escritorio de un regulador. La orden ejecutiva estadounidense citada en el artículo confirma esa secuencia —señal antes que mandato—, lo cual es consistente con una realidad simple: la innovación corre más rápido que cualquier marco normativo, y las empresas que capitalicen esa ventaja de tiempo serán las que fijen el estándar antes de que llegue la obligación.

El riesgo, plantea el propio autor, no es tecnológico sino de preparación humana. Si la transformación de mil cien millones de empleos puede ser un saldo positivo, dependerá de si las instituciones —y el capital humano que las sostiene— se mueven con la misma agilidad que exige la convergencia entre IA y cuántica.

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