El precio de la mezcla mexicana de petróleo fue de 83,2 dólares por barril el 24 de agosto de 2026, según la información publicada por Petróleos Mexicanos (Pemex) en su portal oficial. La empresa aclara que el dato es un estimado con fines informativos, calculado mediante fórmulas de precio por región geográfica con el cierre diario de cotizaciones.
Tres tipos, una sola mezcla
México clasifica su crudo en tres variedades según densidad. El Maya —crudo pesado, por debajo de 30 grados API— representa el 54% de la producción nacional y es la mezcla de mayor exportación; su menor rendimiento en gasolinas y diésel se compensa con su utilidad como fuente de energía doméstica. El Istmo, crudo ligero con más de 30 grados API, concentra el 33% y ofrece mayor rendimiento en gasolinas y destilados intermedios. El Olmeca, clasificado como superligero, cubre el 12% restante y se destina principalmente a lubricantes y petroquímicos.
Producción y exportación: el dato de 2020
La información disponible en el portal de Pemex indica que en 2020 la producción se ubicó en 1 millón 705 mil barriles diarios promedio anual, superando en 4 mil barriles diarios la producción promedio de 2019 y rompiendo así una racha de 15 años de caída en la producción. Según cifras presentadas por la Asociación de Bancos de México (ABM), Pemex exportó ese año un promedio de 140 mil barriles diarios de crudo ligero. La producción de empresas privadas representó apenas el 1,2% del total nacional en 2020, frente al 98,8% aportado por la petrolera estatal.
Lectura editorial
Los números de Pemex describen una empresa que concentra casi la totalidad de la producción nacional, con participación privada marginal. Esa estructura de monopolio estatal limita la competencia, desincentiva la inversión y traslada el riesgo operativo y financiero íntegramente al contribuyente mexicano.
Cuando el precio del barril sube, el beneficio queda atrapado en una corporación con pasivos crecientes y autonomía de gestión acotada por la política. El libre mercado petrolero —con reglas claras, contratos respetados y apertura real a capitales privados— ha demostrado en otras latitudes que multiplica la producción sin comprometer las finanzas públicas. México sigue eligiendo el camino contrario.



