Los números de Nvidia no dejan margen para la interpretación: beneficio neto de 59,688 millones de dólares en el segundo trimestre de su ejercicio 2027, un 126% más respecto al mismo período del año anterior. La facturación trimestral alcanzó 96,221 millones de dólares, un 106% de crecimiento interanual.
El motor es uno solo: los centros de datos. Más de 89,000 millones del total trimestral provinieron de ese segmento, que la compañía dividió por primera vez en dos categorías. «Hyperscale», que incluye ventas del chip Blackwell Ultra, ingresó 48,710 millones. La categoría «Nube IA, Industrial y Empresa» sumó 40,313 millones, con mayor ritmo de crecimiento que la primera. El segmento Edge Computing aportó 7,198 millones restantes.
En el acumulado semestral, el beneficio neto llegó a 118,010 millones —un 161% más interanual— y la facturación a 177,837 millones, un 96% por encima del mismo período anterior.
«La IA ha alcanzado su punto de inflexión. Está haciendo trabajo útil. Sus tókens son productivos y rentables. Ahora, la computación es facturación. Y la demanda está acelerando», afirmó Jensen Huang, fundador y CEO de la compañía, en un comunicado.
Huang describió el momento actual como la «era dorada de nuevos laboratorios y empresas emergentes de IA», con múltiples laboratorios de frontera escalando simultáneamente. Señaló además que su plataforma Vera Rubin está «en producción completa».
De cara al próximo trimestre, Nvidia proyecta una facturación de 108,000 millones y gastos operativos de hasta 9,200 millones. La compañía precisó que «no prevé ningún ingreso por computación de centros de datos procedentes de China». Los envíos de productos Hopper a ese mercado representaron menos del 1% de los ingresos de centros de datos durante el trimestre reportado.
Para asegurar el suministro, Nvidia informó haber asumido compromisos que se duplicaron de un trimestre a otro hasta 279,000 millones, «principalmente relacionados con la contratación de memoria».
A pesar de la magnitud de los resultados, las acciones retrocedían un 0.4% en operaciones electrónicas tras el cierre de la bolsa.
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Desde Ágora Capital, la lectura es directa: cuando una empresa privada genera 59,688 millones en utilidades en noventa días, el mercado no está especulando, está midiendo retornos reales sobre infraestructura productiva. La IA dejó de ser narrativa; es flujo de caja verificable.
El dato de China es igualmente revelador. La exclusión deliberada de ese mercado en las proyecciones futuras muestra que las restricciones regulatorias tienen costo —pero también que la demanda del resto del mundo es suficiente para sostener la curva. Capital busca reglas claras, y por ahora las encuentra fuera de Beijing.



