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Colombia reactiva con Japón un TLC congelado 15 años en solo 15 días de gobierno

De la Espriella busca que Mazda vuelva a ensamblar en el país y que Toyota apueste por vehículos eléctricos. El mensaje a Tokio es claro: reglas estables a cambio de capital.
Foto: larepublica.co
lunes 31 de agosto de 2026

El Gobierno de Abelardo De la Espriella reactivó las negociaciones del acuerdo de asociación económica con Japón. El anuncio llegó en una alocución presidencial. El proceso estaba paralizado desde hace 15 años.

«En los primeros 15 días de mi gobierno logramos dar pasos significativos para destrabar el acuerdo», dijo De la Espriella. El objetivo es abrir mercados para productos colombianos. También busca incorporar tecnología japonesa al campo y a la industria.

El ministro de Comercio, Mauricio Gómez Amín, viajó a Tokio. Allí se reunió con Toshiba, Toyota y Mazda. Las conversaciones abarcaron manufactura, movilidad eléctrica, energía e infraestructura digital.

Uno de los objetivos es concreto: que Mazda vuelva a ensamblar vehículos en Colombia. La marca japonesa operó planta en el país en el pasado. El Gobierno también busca que Toyota evalúe a Colombia como destino para proyectos de vehículos eléctricos.

«Aquí les vamos a dar todas las garantías», aseguró De la Espriella a los inversionistas. La frase resume la apuesta oficial: seguridad jurídica para atraer capital extranjero.

Japón también ofreció apoyo humanitario. El país asiático mostró disposición a colaborar con la reconstrucción tras el terremoto del 10 de agosto. Ese sismo dejó más de 213.400 familias afectadas en 16 departamentos, según el informe presentado por el propio Gobierno.

La ofensiva diplomática con Japón coincide con otro anuncio del mandatario. De la Espriella confirmó el fin de tres procesos heredados de la llamada Paz Total. Terminó los espacios con estructuras vinculadas a alias Calarcá, con la Coordinadora Nacional Ejército Bolivariano y con las autodefensas de la Sierra Nevada. El presidente calificó esa política, impulsada por Gustavo Petro, como «la claudicación del ejército de la soberanía a favor del narcoterrorismo».

El mensaje a Tokio es simple. Colombia quiere volver al radar de un inversionista que exige reglas estables antes que incentivos fiscales. Quince años de parálisis no fueron gratis: mientras el país discutía otra agenda, la industria automotriz japonesa miró hacia otros mercados de la región.

El giro también marca un contraste con el gobierno anterior. La administración Petro priorizó la negociación con estructuras armadas bajo el paraguas de la Paz Total. La nueva gestión apuesta por señales de orden y seguridad jurídica como imán de capital. Para el inversionista extranjero, el fin de la Paz Total y la apertura comercial hablan el mismo idioma: previsibilidad.

Los números primero: 15 años de negociación estancada, 15 días de nuevo gobierno, tres marcas japonesas en la mesa. El mercado observa si las palabras se traducen en plantas y empleo.

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