El presidente Bernardo Arévalo defendió ante La Diaria Radio, medio uruguayo, la estrategia comercial y de seguridad con la que Guatemala negoció su relación con Estados Unidos. El resultado, según explicó, combina tres frentes: negociación arancelaria, cooperación en seguridad y coordinación migratoria.
Los números primero. El Acuerdo sobre Comercio Recíproco entre Guatemala y Estados Unidos, firmado el 30 de enero de 2026, dejó al 70,4% de las exportaciones guatemaltecas con arancel de 0% al ingresar al mercado estadounidense. La mayor parte del resto quedó sujeta a una tasa del 10%. Los sectores beneficiados incluyen agroindustria, manufactura y textiles.
El proceso se abrió cuando Washington anunció nuevos aranceles y la ministra de Economía, Gabriela García, inició contactos con la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos para recuperar las condiciones de arancel cero que Guatemala ya tenía bajo el DR-CAFTA. En noviembre de 2025, Arévalo había informado que, tras meses de conversaciones, el país había alcanzado un entendimiento para reducir y eliminar aranceles, con más del 70% de los productos en arancel cero. La negociación continuó hasta la firma formal del acuerdo, suscrito por García y el representante comercial estadounidense Jamieson Greer. Según el mandatario, el nuevo instrumento no sustituye al DR-CAFTA, sino que lo complementa y fortalece.
Arévalo resumió el resultado con una frase: «Hemos sido muy prácticos, hemos ido a una discusión sobre hechos concretos y hemos logrado el arreglo que les comento».
El mandatario también abordó la dimensión migratoria. Explicó que Guatemala funciona como país de tránsito para ciudadanos mexicanos retornados desde Estados Unidos, mediante una coordinación con el Gobierno de México para que lleguen a territorio mexicano en menos de 24 horas. «Lo que hemos hecho es establecer con el Gobierno mexicano una coordinación (...) de manera que en 24 horas están en territorio mexicano y nosotros servimos como un itinerario de tránsito exclusivamente», dijo. Insistió en que «no hay ninguna frenada» de ese mecanismo.
Según Arévalo, los nacionales de El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica pueden optar a la nacionalidad guatemalteca bajo ciertas condiciones constitucionales, por los vínculos históricos de las antiguas Provincias Unidas de Centroamérica, y pueden retornar vía Guatemala hacia sus países.
Sobre los flujos migratorios, el presidente afirmó: «Lo que es muy claro es que los flujos migratorios de los Estados Unidos que existían antes han cesado». También dijo que se redujo el número de caravanas centroamericanas que transitaban por Honduras hacia Guatemala, y atribuyó esa caída, entre otros factores, a una mayor conciencia sobre las dificultades para ingresar a territorio estadounidense.
El mercado ya votó a favor de la vía negociada: sin integrar el Escudo de las Américas, Guatemala asegura acceso preferencial para siete de cada diez dólares exportados a su principal socio comercial. Capital busca reglas claras, y en este caso las obtuvo por la vía del acuerdo bilateral antes que por la confrontación arancelaria que enfrentaron otros países de la región.
La lección de fondo para inversores y exportadores centroamericanos es que la certidumbre comercial se negocia sector por sector, no se declara. Guatemala convirtió cooperación en seguridad y orden migratorio en moneda de cambio frente a Washington, y el resultado —arancel cero para la mayoría de sus envíos— es el tipo de previsibilidad que sostiene inversión productiva en agroindustria, textiles y manufactura.



