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Mindlin encadena US$15.000 millones de apuesta bajo el RIGI y suma Loma Negra a su imperio energético

El empresario cordobés, que pasó de los ladrillos a la energía, lidera el ciclo de inversiones del RIGI con proyectos en Vaca Muerta, Bahía Blanca y ahora la cementera centenaria.
Foto: lanacion.com.ar
martes 1 de septiembre de 2026

Marcelo Mindlin celebró en el Tattersall de Palermo los 100 años de Loma Negra, su última adquisición tras convertirse en accionista mayoritario en abril junto con los fondos Redwood y Moneda–Patria Investments. La operación consolida a un empresario que, según los anuncios de los últimos dos años, comprometió inversiones directas e indirectas por unos US$15.000 millones, la mayoría de la mano de la energía.

"La Argentina tiene casi US$150.000 millones de inversiones proyectadas bajo régimen RIGI y va a generar una enorme demanda de insumos estratégicos", dijo Mindlin, quien apuesta a que los grandes proyectos de energía, minería e infraestructura necesitarán cemento y que Loma Negra tiene la escala para acompañar esa demanda.

Nacido en 1964 en La Carlota, Córdoba, Mindlin construyó su carrera lejos del sector que hoy lo define. En 1989, junto a Eduardo Elsztain, convenció a George Soros de invertir en la Argentina, sociedad de la que nació IRSA. En 2003 se separó de Elsztain y se quedó con Dolphin, el fondo que dio origen al actual Grupo Emes, con el que empezó a comprar empresas privatizadas.

Su entrada en energía fue rápida: Citelec-Transener a fines de 2003, Edenor en 2005 —vendida en 2020 a un consorcio liderado por Daniel Vila, José Luis Manzano y Mauricio Filiberti— y, ese mismo año, la fundación de Pampa Energía junto con Gustavo Mariani, Ricardo Torres y Damián Mindlin. En 2011 tomó el control de Ciesa, controlante de TGS.

El punto de inflexión llegó en 2016, cuando Pampa Energía compró por US$892 millones la filial local de Petrobras, salto que le dio escala en generación eléctrica y en exploración y producción. Un año después sumó la constructora Iecsa —que había pertenecido a Angelo Calcaterra, primo del expresidente Mauricio Macri— y la rebautizó Sacde, brazo con el que hoy ejecuta buena parte de las megaobras energéticas del país.

Ese entramado —Pampa Energía, Sacde, Transener y TGS— sostiene hoy la seguidilla de anuncios bajo el RIGI. Pampa desarrolla el yacimiento Rincón de Aranda en Vaca Muerta con más de US$4500 millones, con una producción actual de 27.000 barriles diarios y un plateau proyectado de 45.000 barriles para 2027. A través de TGS invirtió US$700 millones en la ampliación del gasoducto Perito Moreno y anunció US$3000 millones para infraestructura de procesamiento de líquidos en Bahía Blanca. Con Fértil Pampa apuesta US$2700 millones a la planta de urea granulada más grande de la región, también en Bahía Blanca. Además participa como accionista en el Oleoducto Vaca Muerta Sur, obra de US$3000 millones ejecutada en consorcio con Techint.

El mapa de Mindlin ilustra lo que ocurre cuando un régimen de incentivos ofrece reglas estables: el capital privado se mueve primero y a mayor escala que el Estado. Los US$15.000 millones comprometidos no son promesas de gabinete sino compromisos de una compañía que cotiza en Wall Street desde 2017 y que necesita mostrar resultados a sus accionistas.

El caso también expone una lección de fondo para la Argentina que busca inversión: el RIGI no crea empresarios, pero les da el marco jurídico para apostar fuerte. Cuando el riesgo país baja y las reglas se sostienen en el tiempo, el capital —el de Mindlin y el de los fondos que lo acompañan en Loma Negra— encuentra el camino sin necesidad de subsidios ni intervención estatal.

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