Los números primero. Maximiliano Pullaro, gobernador de Santa Fe, habló en el Santa Fe Business Forum y trazó un balance de la provincia que combina inversión productiva, baja de impuestos reclamada al Estado nacional y un diagnóstico crítico sobre la marcha de la economía.
Según el mandatario, por el puerto de Rosario salieron 25.000 toneladas de litio el año pasado y «este año creemos que eso se puede duplicar». La provincia fue una de las primeras en firmar acuerdos de cooperación con Neuquén para vincular a empresas santafesinas con las cadenas de valor de la minería y el petróleo, y busca reforzar la conexión ferroviaria hacia los puertos locales.
En materia de estímulos a la actividad privada, Pullaro citó líneas de crédito subsidiadas por $230.000 millones, descuentos de Ingresos Brutos sobre costos energéticos y un incentivo de hasta $1.700.000 el primer año por cada trabajador nuevo contratado en la provincia. También mencionó un programa de asesoramiento para pymes con potencial exportador.
La obra pública ocupó un lugar central en su discurso. El gobernador afirmó que Santa Fe lleva invertidos cerca de US$2500 millones en infraestructura productiva, con obras por $500.000 millones que abarcaron la reparación de aproximadamente 3000 kilómetros de la red vial provincial. Criticó, en contraste, el estado de las rutas nacionales. En el plano energético, dijo que la provincia construyó 400 kilómetros de gasoductos, los primeros de este tipo en Santa Fe después de 20 años sin obras similares.
Sobre seguridad, Pullaro sostuvo que Santa Fe tenía 300 homicidios por año y que logró bajarlos un 75%, un dato que —según él— cambió la percepción de Rosario entre inversores nacionales y extranjeros que antes evitaban la ciudad por la presencia narco.
El tramo político fue el más duro. «No veo ninguna chance de que el kirchnerismo gane las elecciones. El populismo corrupto hizo mucho daño», dijo. Sobre la gestión nacional actual, reconoció la estabilización macroeconómica pero planteó que el esfuerzo está puesto en comprar dólares para pagar deuda y bajar el gasto público, sin una mirada equivalente sobre el desarrollo productivo del interior. «La cosa no está bien porque la plata no llega a la gente», resumió, y reclamó «bajar impuestos», con un señalamiento puntual a la industria textil, que según él enfrenta una carga del 56% que la vuelve incompetitiva frente a la apertura comercial.
Pullaro dijo tener expectativas más positivas que un año atrás y afirmó que el campo «siempre sostuvo a la economía», con las retenciones como una carga que no debería existir. Agregó que minería y energía se convertirán en motores de divisas comparables al agro.
El discurso de Pullaro condensa la tensión que atraviesa a varios gobernadores no kirchneristas: apoyo al ajuste fiscal como corrección necesaria, pero reclamo simultáneo de una segunda etapa que baje la presión tributaria y active la inversión productiva en las provincias. La caída de homicidios que reivindica no es un dato menor para el clima de negocios: sin condiciones básicas de orden, ningún incentivo fiscal atrae capital. El resto —créditos subsidiados, descuentos impositivos, gasoductos— es la lista de instrumentos con la que un gobierno provincial intenta compensar lo que percibe como una carga tributaria excesiva desde Nación.



