El presidente Trump anunció este lunes, vía Truth Social, que a partir del 1 de enero de 2027 los aranceles sobre «todos los automóviles, camiones, grandes y pequeños, autopartes y acero» provenientes de Canadá subirán al 50%. La excepción es explícita: «Si se fabrican en Estados Unidos, no habrá aranceles».
El anuncio llega días después de que las negociaciones bilaterales colapsaran. El viernes, el primer ministro Carney rompió el diálogo al calificar de «inaceptables» las condiciones añadidas por Washington en las últimas horas antes del vencimiento del plazo. Con esa ruptura, en la medianoche del sábado entraron en vigor gravámenes del 50% sobre unos 20,000 millones de dólares en productos canadienses, cifra que representa el 5.5% de las exportaciones totales de Canadá hacia su vecino, según las fuentes.
El nivel arancelario actual ya era elevado: 25% sobre vehículos que no cumplen los términos del T-MEC y 50% sobre parte del acero. El anuncio del lunes duplica la tasa automotriz y universaliza la siderúrgica.
Trump argumentó en su publicación que Ottawa ha impuesto «aranceles ridículamente altos» que «han generado durante mucho tiempo un déficit de 60,000 millones de dólares» entre ambas naciones y que han «hecho imposible la vida» a los agricultores estadounidenses. «¡Es insostenible y se acabó!», escribió. Añadió que Canadá «se encuentra entre las peores naciones del mundo con las que negociar» y subrayó la asimetría comercial: «Ellos realizan el 95% de sus negocios con Estados Unidos».
Carney respondió que Canadá igualará «dólar por dólar» los nuevos aranceles de Washington a partir del 8 de septiembre. Además, ambos países aún deben resolver la revisión del T-MEC, tratado que Trump se negó a renovar el mes pasado, según las fuentes.
Estados Unidos también ha señalado que Canadá brinda un «trato discriminatorio» a las importaciones estadounidenses de alcohol, automóviles y productos lácteos.
---
El mercado ya votó sobre lo que significa una tarifa del 50% en la cadena automotriz norteamericana: encarecimiento de insumos, presión sobre márgenes y reconfiguración de plantas. La lógica de Trump es coherente con su política de relocalización industrial: el arancel cero para lo fabricado en suelo estadounidense es el incentivo; el 50% es el costo de no moverse. Capital busca reglas claras, y la señal aquí es inequívoca: producir en Estados Unidos o pagar el precio.
El riesgo real no es solo bilateral. Con el T-MEC sin renovar y Ottawa en modo represalia, la cadena de valor que integra a México, Canadá y Estados Unidos enfrenta su mayor tensión desde la renegociación de 2018. Para los inversores con exposición a manufactura norteamericana, la pregunta ya no es si habrá disrupción, sino cuánto costará reordenar el flujo.



