El mercado de vivienda nueva en Colombia no encuentra piso. Las iniciaciones de vivienda de interés social (VIS) completaron 39 meses consecutivos de caída, según cifras de julio de 2026 de Coordenada Urbana, el sistema de información de la Cámara Colombiana de la Construcción (Camacol).
Entre enero y julio de 2026 se iniciaron 58.462 unidades, frente a las 71.244 del mismo periodo de 2025: una reducción de 17,9%. En el acumulado de 12 meses —agosto de 2025 a julio de 2026—, las iniciaciones VIS cayeron 16% y las No VIS retrocedieron 2%, para un descenso conjunto de 11,6%.
Las ventas tampoco escapan al ciclo. Entre enero y julio de 2026 se comercializaron 90.973 unidades de vivienda nueva, una baja de 11,3% frente al mismo periodo de 2025. Los lanzamientos registraron 70.873 unidades, con una variación negativa de 15,7%.
Para Diego Montañez-Herrera, economista y analista del sector, el comportamiento simultáneo de los tres indicadores revela un problema estructural. El experto compara el ciclo actual con la contracción que sufrió el sector durante la pandemia: aquella duración fue de cerca de 15 meses; la actual ya supera los tres años, más del doble de ese periodo.
El mapa regional confirma la presión. Bogotá y Cundinamarca registraron 2.368 unidades iniciadas en julio de 2026, frente a 3.594 en el mismo mes de 2025: una caída de 34,1%. Antioquia pasó de 2.017 a 1.623 unidades (-19,5%) y Valle del Cauca de 1.616 a 1.093 (-32,4%). La excepción fue Atlántico, con 1.521 unidades frente a apenas 160 un año atrás, un salto de 850,6% que Coordenada Urbana atribuye posiblemente al inicio puntual de algún proyecto de gran tamaño.
Camacol advierte que el sismo de agosto de 2026 impidió contar con datos completos de Risaralda para julio, y que en Caldas y Valle del Cauca la información disponible corresponde al 70% de la muestra.
Por el lado de la oferta, los constructores han enfrentado incrementos en costos de producción: aumento acumulado del salario mínimo, encarecimiento de mano de obra especializada y mayores costos de construcción. El segmento VIS es el más vulnerable porque opera con precios regulados, lo que limita el margen para trasladar esos costos al comprador.
Por el lado de la demanda, los analistas de Corficolombiana señalan que el encarecimiento del crédito debilitó la capacidad de compra de las familias. A ello se suma la reducción de subsidios y las afectaciones al programa Mi Casa Ya, que impactaron especialmente al segmento VIS, dependiente de ese tipo de apoyos para facilitar el acceso a la vivienda formal. Un análisis de Camacol, según la fuente, vincula la crisis a «una combinación de factores macroeconómicos y decisiones de política».
Desde Ágora Capital, el diagnóstico es claro: cuando el Estado reduce los instrumentos de apoyo sin corregir los costos regulatorios que encarecen la oferta, el segmento más sensible —el de menor ingreso— paga la cuenta doble. Treinta y nueve meses de contracción no son un accidente estadístico; son la factura de un entorno donde los márgenes se comprimen por decreto y el crédito hipotecario tardó demasiado en abaratarse. El capital constructor busca reglas claras y rentabilidad mínima: sin esas dos condiciones, las grúas no se mueven.



