Ágora Capital.
MERCADOSEMPRESASECONOMÍA GLOBALINNOVACIÓNESTILO DE VIDAOPINIÓNjueves 3 de septiembre de 2026
Ágora Capital.
Canales
El medio
MERCADOS
Opinión · Análisis · Opinión

Panamá enfrenta su «momento Sputnik»: la geografía ya no alcanza para competir

El reordenamiento geopolítico global convierte al istmo en un activo estratégico de primer orden, pero solo si el país construye seguridad jurídica, talento y continuidad de política pública más allá de los ciclos electorales.
Foto: prensa.com
miércoles 26 de agosto de 2026

El mundo está reescribiendo las reglas del comercio y Panamá aparece en el centro del tablero. Así lo planteó Jorge Luis Escobar Jaramillo, CEO de Tamayo Records, durante el Penta Summit 2026: el país atraviesa un «momento Sputnik», una coyuntura que obliga a definir objetivos nacionales con horizonte de décadas, no de quinquenios.

La tesis de fondo es precisa. Durante décadas, la economía global se organizó en torno a la eficiencia: producir donde fuera más barato, abastecerse donde fuera más conveniente, mover mercancías por cadenas cada vez más largas. Hoy esa lógica cede terreno a otra variable: la seguridad. Las tensiones comerciales, los conflictos internacionales y la fragilidad demostrada por las cadenas de suministro han puesto en boga conceptos como nearshoring, friendshoring y relocalización industrial. Ya no importa solo cuánto cuesta producir; importa dónde, con quién y bajo qué riesgos.

Para Panamá, ese giro es una oportunidad de primer orden. La posición geográfica del istmo adquiere nuevo valor cuando las empresas buscan diversificar cadenas, acercar inventarios a sus mercados y reducir riesgos logísticos. Puertos, zonas económicas especiales, servicios financieros, centros regionales de distribución y manufactura especializada son los vectores que podrían transformar el tránsito de mercancías en generación real de valor: servicios, conocimiento, inversión y empleo.

Pero la advertencia es igualmente clara: la geografía sola no garantiza nada. Infraestructura sin capital humano es insuficiente. Incentivos sin seguridad jurídica pierden efectividad. Conectividad sin innovación limita el crecimiento. El ecosistema completo —no cada pieza por separado— es lo que convierte una posición privilegiada en ventaja competitiva sostenible.

En el plano externo, Escobar Jaramillo propuso una «geometría variable»: una política exterior pragmática, predecible y basada en intereses nacionales definidos, que permita relacionarse con distintas regiones sin alineamientos automáticos ni pérdida de credibilidad como socio estratégico. El comercio, señaló, ya no es solo una herramienta económica; es también un instrumento de negociación geopolítica.

El obstáculo más difícil, sin embargo, es interno. Si cada cinco años el país redefine prioridades, difícilmente podrá competir contra naciones que planifican infraestructura, educación y atracción de inversiones con horizontes de décadas. La demanda es concreta: consensos mínimos sobre qué quiere ser Panamá en los próximos veinte o treinta años, independientemente de quién gobierne.

Desde la perspectiva de Ágora Capital, el diagnóstico apunta exactamente al nudo que separa a los países que capitalizan su posición de los que la desperdician. Capital busca reglas claras: sin seguridad jurídica estable y sin continuidad institucional, los flujos de inversión que el nearshoring podría dirigir hacia el istmo encontrarán destinos más predecibles. La geografía es el activo; el Estado de derecho y la política pública coherente son el multiplicador. Sin ese multiplicador, Panamá seguirá siendo una ruta entre dos océanos cuando el mundo le ofrece la posibilidad de ser bastante más.

Más de Opinión